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Reseñas

Sobre… El poder en el bolsillo

Retrato íntimo de los poderosos (La Voz de Galicia, Junio 2011)

Presidentes, primeros ministros y otros pocos son los únicos seres del planeta que, como reyes y mendigos, pueden ir por la vida con los bolsillos y los bolsos vacíos o casi», escribe el periodista argentino Jorge Elías en El poder en el bolsillo. Intimidades y manías de los que gobiernan (Algón). «En ello reside el poder: en cargar cada vez menos cosas o simplemente nada», añade. ¿Qué llevan los políticos más poderosos del mundo en sus bolsillos? A partir de esta pregunta en apariencia banal que ha planteado a más de 50 líderes mundiales, desde George W. Bush y Mijaíl Gorbachov a Hugo Chávez y Lula, ha escrito un libro en el que dibuja perfi les divertidos pero nada superfi ciales de sus entrevistados. Un retrato íntimo del poder y de la política internacional a través de las extravagancias, manías, supersticiones, anécdotas, curiosidades, gustos, rutinas, caprichos y los secretos mejor guardados de los que nos gobiernan.

Su conclusión es que están muy alejados de la realidad, «viven en una burbuja», rodeados por asesores que les muestran «un mundo virtual, no real». Como ejemplo pone a Zapatero, cuando respondió en el programa Tengo una pregunta para usted, que un café valía 80 céntimos, más o menos lo que costaba en el bar del Congreso. «Era su referencia, su mundo se había reducido a eso», afi rma Elías.

«El asunto era formularles una pregunta sencilla, no comprometedora ni incómoda, que pudieran responder sin libreto, y terminó siendo una forma de conocerlos desde otro ángulo», explica. «La pregunta es trivial, casi ingenua, pero ha disparado revelaciones sobre aspectos poco conocidos de sus vidas, de su intimidad», añade. Así, obtiene respuestas tan graciosas como la de Mary McAleese, la presidenta irlandesa, que le dice que ni siquiera lleva bolso porque para eso tiene a su marido Martin, un odontólogo que dejó la consulta para acompañarla.

Cuando en el 2005 le plantea la cuestión a George W. Bush, este hurga en los bolsillos de su pantalón y con los forros hacia fuera le muestra que están vacíos. Pero saca del interior de su chaqueta un pañuelo blanco que despliega y agita. El autor hace notar la paradoja de que el presidente de la guerra «zarandee con total desparpajo el símbolo máximo de la paz». Antes de acabar la entrevista le pregunta si usa reloj de pulsera. El mandatario extiende su brazo izquierdo y le enseña un Timex, que no cuesta más de 50 dólares. Elías repara en una aparición de Osama Bin Laden en Al Yazira, menos de un mes después de los atentados del 11-S. En su muñeca brilla al sol la esfera de su Timex Ironman Triatlon, el mismo modelo que usaba Bill Clinton cuando era presidente. Este «rasgo común que ni ellos mismos imaginaban» le causó una «tremenda impresión». Esos relojes son una baratija en comparación con el Vacheron de Silvio Berlusconi, valorado en 540.000 dólares, o el Patek Philippe de Vladimir Putin, de 60.000. El ex presidente uruguayo Luis Alberto Lacalle lucía un Rolex de oro herencia de su abuelo, pero no volvió a verlo después de que lo dejara en el atril del Senado de Paraguay para controlar el tiempo de su exposición.

Elías recuerda cómo Bill Clinton se fue sin pagar la cuenta de una comida en un restaurante del barrio londinense de Notting Hill, que ascendía a 24,70 libras. Sí lo hizo cuando compró, aceptando «rebajas de cortesía», un ejemplar de Hojas de hierba, de Walt Whitman, un alfi ler de sombrero y un prendedor de oro para Monica Lewinsky, en comercios de Martha’s Vineyard, donde suele pasar sus vacaciones de verano con Hillary y su hija Chelsea, el perro Buddy y el gato Socks.